El colectivo nos separa

Cuando hablamos de colectivo hablamos de un conjunto o parcela social que se une por algo que todos tienen en común y, por triste que parezca llegados a este punto, normalmente el motivo que les junta es una diferencia que el resto discrimina.
Un colectivo nace de la necesidad de encontrar apoyo moral y social cuando una diferencia se hace insalvable con respecto a todo un conjunto social más grande y, entonces, nace la pregunta necesaria, ¿no es un principio de injusticia que, las diferencias de una parcela social lleven a la disgregación de esa misma parcela por una necesidad de reconocimiento de derechos básicos?
Es mas sencillo que todo esto. Si tomamos en cuenta la situación social del colectivo LGTB, nos vemos dentro de un conflicto que va más allá del bienestar social, nos encontramos en un claro caso de abusos, violación de derechos y de malestar social. Muchas de las personas que por desgracia se ven obligadas a pertenecer a un colectivo, lo hacen por la absurda reacción social de miedo a la diferencia, de intolerancia al amor libre y a la libertad de expresión y del derecho a la vida digna.
Compartir tu tiempo con una persona, cuidar de él o ella en momentos mas bajos, despertarte al lado de quien amas, besar a esa persona y honrarla con tu cariño, no es algo que contravenga ninguna ley ni tan solo la ley natural del ser humano; amar no es un delito, amar es una necesidad vital que se debe ejercer con libertad y sin condiciones, sin miedos ni subterfugios sociales que nacen del miedo a lo distinto, como el de pertenecer a un colectivo en el que, por alguna razón, nos haga sentir más seguros de quien somos.
Todo se trata de algo muy inicial, la lucha para al igualdad de derechos nos lleva temporalmente a incluirnos en el colectivo pero, lo que se debe tener claro, es que solo se trata de una forma de reivindicar derechos, no de una forma de clasificarnos socialmente, ya que, en esencia, lo que se esta reivindicando es que, el resto de miembros que configuran la sociedad en la que vivimos, se propongan entender el amor como un sentimiento que nos distingue, no nos diferencia; lo que nos distingue entonces es la forma en que se puede amar a alguien.
La forma en que se ama, no nos separa entre personas heterosexuales, transexuales, homosexuales o bisexuales, nos separan entre personas que aman mucho o poco, bien o mal, sanamente o de forma enfermiza.
Hemos convertido la angustia en una forma de vivir que nos separa y nos clasifica por el miedo a salir de lo que comúnmente se piensa, se dice o se siente; esa angustia nos lleva a vivir siempre a la defensiva en relación a una sociedad que nos aparta a un lado, en un colectivo y, no hay duda alguna de que somos mucho mas que eso.
Todos sabemos que el camino al reconocimiento de derechos, hacia la igualdad social de nuestro colectivo será larga y que va más allá de lo social. Sabemos que intervienen factores económicos, políticos, pero también debemos tener en cuenta y tomar consciencia de que, por mucho tiempo que pase, por muchas críticas que hayan, o dedos que señalen, ser distinto no significa pertenecer a otro lugar, ser distinto significa que por muchos lugares que se puedan visitar en la vida, siempre encontraremos uno al que regresar, por muy lejos que estemos.
Tenemos las herramientas para construir un futuro en que la libertad de opción sexual o identidad sexual, llegue de verdad a todos lo ámbitos de la vida en comunidad, al conjunto de la ciudadanía, a cada país, a cada población, a cada barrio en el cual, al salir a la calle, nadie te señale por quien llevas al lado de la mano sino por como actúas en consecuencia con quien lleves al lado de la mano, sea quien sea.

Brian Grau